¿Que Tiene De Malo La Psicologia?Algunas personas se acercan con los creyentes (sobre todo con los pastores) pidiendo consejo. Ocurre que si les damos algo superficial - estaré orando por tí, lee tal versículo, nos vemos la próxima semana- lo más probable es que ya no vuelvan. Quizá no es eso lo que ocurre, sino que no sabemos qué responder o cómo ayudar a esas personas; nuestra impotencia nos desespera…y nos piden si pueden ir con un sicólogo. Pero les respondemos que no, y nos dicen “¿por qué?”; rápidamente les decimos que estaría mal hacerlo, y nos dicen “¿qué tiene de malo?”. Realmente, ¿qué hay de malo en la sicología, en la sicoterapia, terapia de grupo, siquiatras, etc.?. La naturaleza humana es básicamente buena. Todo esto (que propone la sicología) es claramente contradicho por la Biblia. ¿Vamos a mandar a una persona en Cristo a buscar la solución en otra que no tiene, y hasta niega a Cristo?. Es la Biblia -debe ser- el único “libro de texto” (como diría Jay E. Adams) para un verdadero estudio del alma. Si es que “…todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder…” (2P.1:3), ¿por qué recurrir a un sicólogo?. Es cierto que toda la Escritura es inspirada, pero también es cierto que toda es útil, a fin de que el hombre de Dios esté “enteramente preparado para toda buena obra” (2Ti.3:16-17). Ambas, la sicología y la Biblia, buscan un cambio en el individuo: la sicología para que se sienta “bien”, para que se sienta “liberado” (aparte de dinero a los que la ejercen), pero la Biblia para que seamos como Jesús, semejantes a El (Fil.3:10; 2P.3:18). “No es Psicología para la vida lo que se necesita para vivir, sino las Escrituras, después de todo. ¿Cómo pueden Freud, Rogers o Skinner -hombres que aborrecían la Biblia y el cristianismo y desarrollaron sistemas que no sólo prescinden de Dios sino que se oponen a sus enseñanzas- ayudar a sus miembros descarriados, sufrientes y pecadores a arrepentirse y a crecer en la gracia? ¿Cómo pueden los consejeros que se basan sobre estos sistemas ayudar a los miembros de su congregación a mostrar los frutos del Espíritu, cuando estos métodos ni usan la Palabra del Espíritu ni se basan en El -de quien Cristo dijo que es el gran Consejero- para proporcionar ayuda?…La ruta de enviar a sus miembros para que sean pacientes de un psiquiatra no es satisfactoria, y hay buenas razones que la explican” (1). La sicología no sólo carece de las herramientas necesarias para ayudar a la gente, sino que también no le interesa producir arrepentimiento (un cambio para bien) en la persona. Finalmente, la incapacidad de la sicología para ayudar a las personas se deja ver en que no tiene un patrón fijo de terapia o tratamiento; y es que no es un cuerpo uniforme de conocimiento científico (como la termodinámica o la química), sino una colección compleja de ideas y teorías, muchas de ellas contradictorias, por lo que es difícil considerarla una ciencia. Sería más una invención humana destinada a explicar, diagnosticar y tratar problemas de conducta sin analizar aspectos morales y espirituales. Como cualquier otra cosa creada por el hombre, cambia. Hace poco salió en la televisión una interesante terapia para “trabajadores tensos”, hecha en la India: la terapia de la risa. Esto sin contar a los que sugieren gritar para desahogarse, tema sobre el que hasta se escribió un libro (“El grito primario”, Arthur Janov, Dell, NY, 1970). Pero si lo que quiero es una solución inmediata, “ni siquiera tengo tiempo de conocer todos los sistemas, con sus presupuestos, principios y prácticas, y mucho menos ponerlos a prueba. Hay los freudianos clásicos, los freudianos dinámicos, los neofreudianos, los terapeutas de la realidad, los terapeutas radicales, los terapeutas emotivo-racionales, los terapeutas de la Gestalt, los terapeutas del contrato, los terapeutas del grito primario, los laingianos, los analistas transaccionales, los skinnerianos, los behavioristas, los rogerianos, los terapeutas de grupo, los terapeutas de familia, etc., etc., etc. ¿Cómo es posible que sepa que lo que estoy haciendo está bien?. Y pensemos por un momento en el pobre aconsejado-yendo aturdido de un consejero a otro buscando a alguien que pueda ayudarle. En el proceso se le diagnostica y se le rediagnostica y se le maldiagnostica. Es posible que se le diga que está enfermo, o que ha sido “socializado” de modo defectivo por sus padres y compañeros, o que ha sido condicionado de modo falso, o que su dificultad es genética…o una educación deficiente, o comportamiento aprendido, o inmadurez emocional…o cualquier otro origen. (Se) le medicará en formas…variables. ‘Que salga todo a la superficie’, dice uno. ‘Hay que unificarlo todo’, dice otro. ‘Dime sobre tu infancia, tu vida sexual y tus sueños’, dice otro. ‘Tomas estas pildoritas cuatro veces al día y vuelve dentro de seis semanas’…o ‘…busca un hombre con el cual puedas tener relaciones sexuales satisfactorias’. ‘Necesitas una serie de tratamientos de electrochoque’…o ‘el hipnotismo será útil aquí’, o…’tienes que verbalizarlo, habla, habla’, o ‘grita’…o…¡bueno!, en realidad, esto es lo que a uno le vienen ganas de hacer cuando escucha una serie de consejos tan variados y…son sólo una pequeña muestra del total. En el proceso hay personas que han recibido el consejo de orinar sobre la tumba de su padre, darle de puñetazos a la almohada hasta que salen las plumas volando, pedir el divorcio si no se lleva bien con el cónyuge o cualquier cosa que alguien sea capaz de imaginarse…Si los médicos estuvieran tan divididos y confusos, ¿les confiaríamos nuestro cuerpo?” (3). Si no lo haríamos, ¿por qué confiamos nuestra vida espiritual a estos charlatanes, o le pedimos a la gente que lo haga?. ¡Son la Palabra de Dios, y su promesa lo que el escritor de Hebreos nos dice que no cambia! (He.6:17-18). Esto nos lleva a una decisión, como creyentes y/o pastores: estudiar con mayor dedicación las Escrituras, a fin de poder “alentar a los de poco ánimo y sostener a los débiles” (1Ts.5:14). (1) Jay E. Adams, La práctica de aconsejar, Editorial CLIE, 1984, págs. 15-16. |