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La Creatividad en la Presentación del Mensaje

1. Que tu mensaje siempre sea lo que brota de tu estudio y meditación de la Biblia y que sea algo que Dios está haciendo en tu vida.
2. Que entregues tu vida al estudio y la predicación de la Palabra de Dios.
3. Que tu mensaje tenga una meta principal adonde te diriges en todo momento.
4. Prepara la invitación primero. Si no sabes que es lo quieres que decidan al final de tu mensaje, no sabes a qué invitarlos y entonces no sabes donde vas.
5. Usa un bosquejo. Aprende a sacar de la Biblia una idea y a organizarlo en una forma que la gente pueden captar y llevarla a casa.
6. Organiza tu Escuela Dominical para cubrir una parte de lo que quieres que tu gente estén aprendiendo.
7. Desarrolla un plan anual. Tienes que saber dónde quieres ir y qué quieres lograr y como vas a proceder a la meta.
8. Debes estar consumido con tu mensaje. Vive tu mensaje.
9. Pide la llenura del Espíritu Santo y su poder.
10. Enamórate de tu gente. Conócelos y aprende cuales son sus necesidades y como tú puedes ayudarles por medio de la Palabra de Dios.
11. Usa tu ministerio para edificar a tu gente y no tu gente para edificar tu ministerio.
12. En el Antiguo Testamento "predicar" quiere decir: llamar, clamar, leer, proclamar, recitar, en voz alta o fuerte; llevar buenas nuevas, publicar, anunciar, ser mensajero.
13. Y en el Nuevo Testamento quiere decir: proclamar en forma de un heraldo, siempre con la idea de gravedad, seriedad, y autoridad que se tiene que escuchar y obedecer, publicar y proclamar, anunciar buenas nuevas, declarar y proclamar las buenas nuevas.

Las reglas de Homilética no pueden por sí mismas producir predicadores eficaces. El alumno tendrá que llevar juntamente con esta tarea, un don y aún más allá de esto un deseo insaciable de poner vida y fuego al pasaje de las Escrituras, para encontrarse con las vidas de los oyentes. Un gran predicador dijo una vez que nunca había conocido a un hombre que tuviera cualquier valor para el ministerio, que no tenía un deseo que le hacía infeliz si no podía ver el fruto de su labor.

Mateo Simpson en sus Conferencias sobre la predicación dijo lo siguiente: "Su trono es su púlpito; se para en el lugar de Cristo; su mensaje es la Palabra de Dios; alrededor de él son las almas inmortales; el Salvador invisible está a su lado; el Espíritu Santo descansa sobre la congregación, los ángeles velan sobre la escena, y el cielo y el infierno esperan el suceso". ¡Qué asociaciones y cuan grande la responsabilidad!

Hoy en día la predicación no se estima como en los días antiguos. Quizás hay una variedad de razones. Uno sería, que el pastor y predicador se ve como el líder intelectual o aún espiritual. La actitud hacia el predicador ha cambiado. Ya se ve como un conjunto blando: amable, amigable, boy scout, que quiere ayudar a todos, las ancianas le aman y las jóvenes saben que es bien reservado con ellas, es como el padre de los jóvenes, compañero de los solitarios, uno que asiste a todos las reuniones y fiestas con sonrisa y dando la mano a todos, pero, no se encuentra como el profeta de la Biblia con la Palabra de Dios para el hombre de hoy. Vivimos en una sociedad donde hay mucha competencia. La televisión, los deportes, el radio, etc. están compitiendo para ganar la atención de nuestra gente. Aún mucho más importante es que como muchos dudan de la Biblia, al predicador le ha sido robada su autoridad. Por esto muchas veces se relaja o baja sus convicciones a tal punto que está haciendo dramas, esketches, juegos, etc. para atraer a la gente. Estamos en malas condiciones, tanto como el pueblo de nuestro Dios.

Sin embargo, si tú crees la Biblia entonces sabes cuán importante es la predicación de la Palabra de Dios. Mira la actitud de Pablo al escribirles una carta, pero, todavía quiere ir a predicarles el mensaje cara a cara. Romanos 1:11-12, 15. Hay un poder que pasa por la predicación que aún la Palabra escrita infalible, y sin error no puede reemplazar. Mira quién nos ha salvado a nosotros según Pedro: I Pedro 1:23, 25. Otro ejemplo es I Tesalonicenses 1:9-10, 2:13. Por esto Pablo dice a su discípulo que debe prepararse para predicar y predicar con todo. II Timoteo 4:2.

La predicación debe mover tanto al hombre que no puede evitar el derramar su predicación con pasión y fervor. Cuando el predicador habla como el heraldo el debe clamar "la Palabra". Nada menos puede llamarse legítimamente la predicación cristiana.

 

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