Jueces es la continuación cronológica del Pentateuco y de Josué, y describe la historia de Israel desde la muerte de Josué hasta la aparición de Samuel. Recibe su nombre de los principales protagonistas, los sûoÆfƒtéÆm (Jue. 2.16). Estos “jueces”, sin embargo, eran algo más que árbitros judiciales; eran “libertadores” (“salvadores” °vrv1°vrv1 Versión de Reina y Valera, rev. 1909) (3.9), carismáticamente dotados por el Espíritu Santo de Dios para la liberación y preservación de Israel (6.34) hasta el establecimiento de la monarquía (cf.cf. confer (lat.), compárese el uso de este mismo término por los magistrados principales de Cartago, y como sinónimo de “rey” en la antigua Ugarit cananea, Anat 5.40). Yahvéh mismo es el principal sûoÆfeµt (Jue. 11.27).
a. Acontecimientos posteriores a la muerte de Josué (1.1–2.5)
Con obediencia inicial, las tribus de Judá y Simeón avanzaron hacia el SS sur a fin de conquistar Bezec, Jerusalén (que no retuvieron, 1.21), Hebrón y Debir (ocupada nuevamente desde su devastación en Jos. 10.36, 39), Horma, y tres de las ciudades filisteas (que no retuvieron, Jue. 1.19). También las tribus de José capturaron Bet-el (1.22–26), que se había rebelado (cf.cf. confer (lat.), compárese Jos. 8.17; 12.9). Pero luego vinieron los fracasos: Israel dejó de desplazar a los cananeos, no se tomaron más ciudades (Jue. 1.27–36), y la tribu de Dan fue desalojada del territorio que se le había asignado (1.34). Esa tolerancia del mal requirió el largo período posterior de castigos (2.1–5).
b. La historia de Israel bajo los jueces (2.6–16.31)
(i) El discernimiento profético de la historia por el autor (2.6–3.6). Este libro enseña la retribución divina: que Dios en su providencia recompensa a la nación en relación directa con la fidelidad de su pueblo. En esta época Israel sufrió la constante tentación de adoptar los ritos de fertilidad de sus vecinos cananeos, junto con su agricultura supuestamente superior. Muchos reconocían que Yahvéh había guiado a Israel en el desierto, pero Baal parecía tener mayor capacidad para hacer crecer las cosechas (!). Es así como Jue. muestra la repetición de ciclos de pecado (culto de Baal), servidumbre (a agresores extrajeros), súplica (de ayuda al misericordioso Dios), y salvación (por medio de jueces divinamente nombrados).
(ii) Seis períodos sucesivos de opresión y las actividades de doce jueces salvadores (3.7–16.31).
1. Invasiones de Cusan-risataim (3.7–11). Después de adoptar las costumbres de Canaán, Israel sufrió durante ocho años las depredaciones de Cusan-risataim, invasor proveniente de la Mesopotamia, controlada por Ios hititas (Jue. 3.8). La causa, sin embargo, radicaba en los pecados de Israel (3.7) (véase inf.inf. infra (lat.), abajo parte c). Pero cuando clamaron a Yahvéh, “Jehová levantó un libertador a los hijos de Israel … Otoniel … hermano menor de Caleb” (3.9). Los 40 años de paz que siguieron quizás correspondan al período paralelo de dominación hetea, hasta unos años después de la muerte de Suppiluliuma en 1346 a.C.a.C. antes de Cristo (CAHCAH Cambridge Ancient History, 12 t(t)., 1923–39; eds. rev. 1970-, 2, 2:19).
2. Opresión bajo Eglón (3.12–31). Justo antes de los días de confusión internacional que coincidieron con la aparición de la agresiva dinastía egipcia 19ª; “volvieron los hijos de Israel a hacer lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová fortaleció a Eglón rey de Moab contra Israel” (3.12). “Y clamaron los hijos de Israel a Jehová; y Jehová les levantó un libertador, a Aod hijo de Gera, benjamita” (3.15), y les dio 80 años de paz, quizás desde la época del tratado de 1315, entre Seti y Mursil, cf.cf. confer (lat.), compárese su renovación en 1284 por Ramsés II. Aparentemente ni Egipto ni los hititas comprendieron su función providencial, pero los años en que cada uno de ellos aportó paz a Palestina parecerían corresponder a los períodos que Dios había determinado para que su pueblo gozara de “paz” (cf.cf. confer (lat.), compárese J. Garstang, Joshua-Judges, 1931, pp.pp. página(s) 51–66). Posteriormente Samgar consiguió un éxito limitado contra los primitivos filisteos, que estaban mejor equipados que él (3.31).
3. Liberación por mano de Débora (4.1–5.31). Cuando decayeron los imperios y aumentó la opresión cananea local bajo Jabín II de Hazor (4.2–3), Dios levantó a Débora, una mujer, como cuarto juez. Su comandante militar, Barac, reunió a las tribus centrales del NN norte en el valle de Esdraelón para luchar contra las tropas de Jabín dirigidas por Sísara. Pero “desde los cielos pelearon las estrellas; desde sus órbitas pelearon contra Sísara” (5.20): una tormenta divinamente producida inmobilizó los carros cananeos, y Sísara fue muerto por una mujer cenea cuando huía. Los 40 años de paz que siguieron a la victoria de Débora pueden haber sido paralelos al fuerte gobierno de Ramsés III, el último de los grandes faraones (1199–1168 a.C.a.C. antes de Cristo)
4. Liberación por Gedeón (6.1–8.32). Posteriormente aparecieron por el desierto oriental madianitas y amalecitas, con la intención de saquear a la pecadora Israel (Jue. 6.2–6; cf.cf. confer (lat.), compárese Rt. 1.1). Pero Israel se libró de los nómadas incursionadores (7.19–25; 8.10–12; cf.cf. confer (lat.), compárese el fondo pacífico de Rt. 2–4, unos 20 años más tarde).
5. Ascenso y caída de Abimelec (8.33–10.5). La conmoción provocada por el intento del hijo de Gedeón, Abimelec, de convertirse en rey de Israel (Jue. 9) fue rectificada por los jueces Tola y Jair (10.1–5).
6. Opresión bajo Amón y los filisteos (10.6–16.31). Pero a causa de la apostasía que siguió, Dios dejó que su tierra fuera oprimida simultáneamente por los amonitas en el EE este (punto cardinal); elohísta y los filisteos en el OO oeste (10.7). Dieciocho años más tarde Israel oriental fue liberado por Jefté, el octavo juez (cap. 11), al que sucedieron tres jueces menores. El OO oeste de Israel, sin embargo, permaneció sujeto al creciente poder de los filisteos, a pesar de las espectaculares hazañas de Sansón, el duodécimo y último juez del libro de los Jue. (caps. 13–16).
c. Apéndice (17.1–21.25)
Ofrece detalles de dos hechos del primer período de apostasía de Israel (antes de Otoniel; cf.cf. confer (lat.), compárese la aparición de Finees en 20.28, y la mención de los acontecimientos del cap(s).cap(s). capítulo(s) 18 en Jos. 19.47, cuyo autor parece contemporáneo de la conquista, Jos. 5.1; 6.25, aunque véase * Josué, II). El propósito del apéndice es ilustrar la profundidad del pecado de Israel, que transgredió casi todas las normas del Decálogo. La sección sobre Micaía y los danitas (caps. 17–18), por ejemplo, relata como Micaía le robó a su madre y luego convirtió el dinero en un ídolo para su casa de dioses (17.5). El levita de Dios, mientras tanto, deambulaba sin ayuda alguna, hasta que Micaía lo empleó. Pero a su vez aquel traicionó a su empleador cuando recibió la oferta de una posición de liderazgo de parte de los ambiciosos danitas, idólatras y criminales (18.25). Y sin embargo, este levita era Jonatán, descendiente directo de Moisés (18.30). Nada se dice, hay que admitirlo, sobre el séptimo mandamiento (sobre la pureza); pero los capítulos siguientes (19–21, el ultraje de los benjamitas) describen no simplemente una guerra civil y la protección a los criminales, sino también la prostitución y la deserción matrimonial de la concubina de un levita (19.2), la homosexualidad, la violación y el adulterio (19.22–24), y finalmente el secuestro en masa (21.23). Tales. fueron los resultados cuando “cada uno hacía lo que bien le parecía”.